miércoles

   G.   DELEUZE


Atendiendo a la filosofía vitalista  de Deleuze, podríamos cada una, exponer brevemente los conceptos característicos de su filosofía (enviar como comentario).
Pueden relacionarlos con algunos de los movimientos más relevantes de mediados del s.xx?


5 comentarios:

  1. Deleuze tiene una visión optimista de la vida: cree que todo es movimiento, fuerza vital, crecimiento, un crecimiento que está estrechamente relacionado a la alegría, ya que se requieren mutuamente. El crecimiento debe conducir a la alegría y ésta debe estar siempre acompañada del crecimiento, ya que de lo contrario conduce al resentimiento.
    Al ser Deleuze lo piensa en términos de potencia, que implica todo lo que puede ser y hacer ese individuo, sin restricciones más que las de sus afectos, de los afectos de los que es capaz y que definen su territorio. El territorio, entonces, es el espacio que ocupa el individuo mediante los afectos de los que es capaz, pero no es algo fijo sino que está en continuo movimiento, según la fuera vital de cada individuo. Deleuze propone ampliar el territorio constantemente, y son las líneas de fuga las que lo hacen posible: ponen en movimiento el territorio, producen la desterritorialización y la reterritorialización que permite conectarse, transitar… En definitiva, las líneas de fuga posibilitan el devenir, un devenir que es minoritario, porque no está guiado por la identidad, sino desde lo particular, la potencia del individuo. Si esto es lo importante, entonces, deben desterrarse los juicios trascendentes, que se realizan sobre algo universal, válido para todos, juzgando la vida desde el exterior, creyendo que algo superior puede determinar lo que está bien o mal. Por el contrario, el juicio que vale es el inmanente, el que permite juzgar desde adentro, con lo que conviene a cada potencia, basado en valores terrenales sobre la propia vida.
    El devenir, aunque es particular, no es personal: trasciende al ser, a su yo. Por ello, le permite ampliar el territorio, no multiplicando sus actividades sino a partir de lo que cada uno hace: el devenir se sitúa en medio, como el rizoma, que permanece y al mismo tiempo, sale. Para que todo esto ocurra, se requiere un cuerpo sin órganos, vitalidad y potencia pura, hecho de afectos. Es el deseo entendido no como carencia o trascendente, sino como aquello que permite ampliar el territorio, un deseo contagioso, y que al tiempo que se contagia, requiere aliados.
    Territorio, devenir… El movimiento feminista.
    Desde tiempos remotos, a la mujer se le impuso un territorio: el hogar, la familia, los hijos. Este territorio acotado, restringido, no permite el crecimiento ni el devenir. En contraposición a esto, en la década del ’60, con el auge de la rebelión hippie y la revolución sexual, surgió el movimiento feminista,. Su objetivo principal era el equiparar la condición de mujer con la del hombre en todos los órdenes: en lo laboral, la familia, la educación, etc. Esto implica pensar a la mujer en términos de igualdad con respecto al hombre, de convertirla en sujeto de acción, y no subordinada al sexo masculino. Esto no supone abandonar el territorio, sino ampliarlo, devenir…

    Bettina

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  2. Un cuerpo no se define por la especie a la que pertenece, sino por los afectos de que es capaz, es decir, con arreglo a su potencia.
    Potencia significa lo que realmente puede este individuo, y lo que realmente puede es lo que hace. La especie a la que pertenece un individuo nos dice cómo debería ser. Pero cada individuo, en su potencia particular puede alejarse de este deber ser y manifestar un comportamiento que no se atenga al que se esperaba según la especie.
    La especie nos dice lo que un cuerpo debería ser, porque es como una esencia universal, válida para todos los individuos comprendidos en ella. El determinismo es el lenguaje del ser, del que hay que liberar la vida.
    La potencia particular de cada individuo, constituye su territorio: el espacio que ocupa un cuerpo vivo mediante los afectos de que es capaz. La potencia busca crecer y por eso el territorio está en constante movimiento, dándose procesos continuos de territorialización y desterrritorialización. El territorio busca crecer hasta los límites de sus propias fuerzas.
    La vida debe ser juzgada de manera inmanente, desde su interior mismo. Es un juicio hecho en la tierra con valores terrenales. En cambio, el juicio moral no sirve porque aprisiona la vida. Este es un juicio trascendente hecho desde la creencia de una realidad superior, una vida más elevada que juzga esta vida terrenal y desde la cual se fija lo que está bien y lo que está mal.
    El juicio trascendente, es aquel que se guía, para juzgar un individuo, por lo que determina la especie. Pero si prescindimos de la especie, acabamos con la concepción de lo que está bien y lo que está mal para todos, para centrarnos en la vida particular de cada potencia. Es determinar lo que le conviene y lo que no para que su territorio se amplíe.
    Para hacer crecer el territorio, existen las líneas de fuga. Para que la vida devenga, hay que
    emprender líneas de fuga, poner en movimiento el territorio, ampliarlo hasta unirse con el mundo y volverse imperceptible. Es hacer huir la lógica para quedar fuera del lenguaje del ser.
    Como no conocemos nuestra potencia, no sabemos qué es lo que pasará si ocurre tal o cual cosa. Lo único que podemos hacer, es probar. Probar consiste en sentir si algo nos conviene o no, si amplía nuestra potencia o nos lleva a la miseria. Lo que nos conviene puede ser reconocido por dos características: el crecimiento y la alegría. Si hay crecimiento sin alegría, oculta la imposición de un territorio que no es nuestro. La alegría sin crecimiento, está basada en el resentimiento. Es la alegría del envidioso.
    Un cuerpo sin órganos es un cuerpo no organizado, vitalidad poderosa que busca ampliar sus propias fuerzas. Designa un uso del cuerpo, es un límite que tenemos que alcanzar. Un cuerpo sin órganos no se interroga acerca de quién es, sino que busca todo lo que puede sumar. Por él, discurre el deseo. Deleuze propone romper la lógica del ser y pasar a la lógica de la conjunción.
    El devenir es el movimiento por el que el territorio busca ampliarse, a través de encuentros con aquello que le conviene. El encuentro con lo que me conviene, si me dejo invadir por ello, amplía mi territorio. El territorio mismo es devenir: se deja invadir o invade. El territorio prescinde de la especie, de lo que se espera de cada individuo según aquella.
    Devenir comienza cuando rompemos las líneas del ser, cuando ya no nos asimilamos a la sujeción de nuestra potencia de vida según los deseos y las formas propias de una identidad. Todos los devenires son minoritarios, no guiados por las identidades. Cada individuo desarrollará la vida de un modo particular pero no personal porque las ideas, los modos de vida se mueven y lo invaden.

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  3. Movimientos sociales y artísticos se inscribieron en este devenir, alejándose de lo pautado, como por ejemplo la Generación Beat.
    Durante los años 50 del siglo XX surgió un grupo de autores con una clara postura en contra de los valores mayoritarios de la cultura norteamericana. La Generación Beat se caracterizó por su desafío a la sexualidad establecida, el uso habitual de drogas y una gran influencia de otras culturas, sobre todo orientales.
    El nombre de Generación Beat es controvertido desde su nacimiento, pues no se pretendía que existiera una denominación genérica. Sin embargo, desde los medios de comunicación se acabó bautizando así al movimiento literario y, más adelante, se utilizaría Beatnick como término despectivo para sus integrantes.
    De entre todos los autores Beat, habría que destacar a Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs. La inclusión de Charles Bukowsky en la generación Beat no está demasiado clara, pese a las muchas similitudes de estilo y actitud.
    La obra clave en el movimiento Beat es En el camino, de Kerouac, aunque también el poemario Aullido, de Ginsberg, y El almuerzo desnudo, de Burroughs, han sido determinantes dentro de la obra común de esta generación.
    Su actitud contracultural y de experimentación en el uso de drogas acabó por ser adoptada a principios de los años sesenta y se considera a los beatnicks como precursores de lo que acabaría convirtiéndose en el movimiento hippie. No es de extrañar el vínculo existente en la ciudad de San Francisco, donde prácticamente todos los autores Beat se mudaron a mediados de los 50.
    La influencia Beat se dejó ver años después en la libertad sexual, la lucha contra la censura, la evolución de la música pop y el rock, un aumento de la espiritualidad oriental y una actitud pacifista de la sociedad.
    ROSANA VRECH

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  4. La filosofía vitalista de Deleuze propone una nueva mirada y una actitud diferente frente a la vida. Rescatando a cada hombre como ser único y no perdido en la difusa inmensidad social, el filósofo plantea una visión positiva y revolucionaria. No se trata de aislarse, sino de revalorizarse. Para Deleuze, los afectos sirven para definir a un hombre por lo que es capaz en forma particular y no según lo que se espera de él por formar parte de una especie. El hombre debe despojarse de lo que los demás esperan de él y buscar su propio horizonte.
    Conceptos como potencia y territorio, son muy importantes en sus planteos. Potencia es lo que realmente puede un individuo, lo que realmente hace. Y territorio se refiere a la potencia particular de cada individuo “es el espacio que ocupa un cuerpo vivo mediante los afectos de lo que es capaz”. No es un lugar fijo, está en movimiento, en constante búsqueda por superar los límites de su propia fuerza. El territorio es devenir, invade, se deja invadir, es desterritorialización y reterritorialización.
    Para Deleuze, las personas deben despojarse de los juicios paralizantes de la mirada del otro, deben ampliar su territorio. El único juicio que vale según él, es el juicio inmanente, es el que establece lo que vale a cada potencia, que permite el movimiento, el crecimiento, la expansión. Es un juicio terrenal, con valores puramente terrenales que buscan liberar la vida y no oprimirla. El que no vale es el juicio de Dios, el que desde una moral externa aprisiona, el que plantea el bien y el mal de manera general.
    Para poder expandir el territorio, para que la vida circule y devenga y romper así con las líneas rígidas que nos oprimen, las personas tienen que transitar y experimentar “líneas de fuga”. Las líneas de fuga, nos permiten despojarnos de juicios externos y paralizantes, expandir nuestro territorio buscando nuestros propios límites. Cuando el juicio de afuera nos agobia tenemos que fugarnos, desaparecer para el otro, y existir en nosotros mismos. Sin el ojo externo que observa ni el dedo ajeno que acusa.
    Dejar fluir nuestro territorio, nos permite crecer. Pero crecer, es más que transitar en el tiempo. Crecimiento y alegría son para este autor, indisolubles. Un crecimiento que no conduce a la alegría es porque está impuesto y una alegría que no produce crecimiento puede estar basada en resentimiento o envidia.
    Las líneas de fuga permiten que fluya el devenir. A diferencia de la identidad que es siempre mayoritaria, el devenir es individual, es particular se refiere al movimiento, crecimiento o disminución de cada individuo que lo combinará de manera única. Cada uno desarrollará su vida de modo particular pero no personal, el yo es el centro de los deseos y los modos de vida uno mismo.
    Para superar nuestros propios límites y vivir la vida según la plantea este filósofo, debemos convertirnos en un cuerpo sin órganos. Un cuerpo sin órganos es un cuerpo no organizado, hecho de afectos, de intensidades, un cuerpo como voluntad de potencia. Deleuze se refiere con este concepto a una meta hacia donde ir, un límite a alcanzar para que el deseo y la vida fluyan. Un cuerpo sin órganos permite sumar según la lógica rizomática de la conjunción y desprendernos de la lógica psicológica que nos lleva siempre hacia atrás.
    Esta idea de rescatar lo particular de los individuos y la liberación de la opresión, tiene especial adhesión en los años 60, 70 protagonizados por una serie de hechos y movilizaciones sociales, populares y culturales cuyo reclamo principal giró en torno a la defensa de los derechos humanos y en contra de los abusos del sistema. Los avances de la masificación y la pérdida de los rasgos individuales de las personas devoradas por un sistema implacable que avanzaba arrasándolo todo, son unos de los principales estandartes de los luchadores de aquellos años. Especial ejemplo de ello es la movilización estudiantil que tuvo lugar en Francia en mayo de 1968 conocida como “mayo francés”. Noelia

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  5. Mayo francés: Los años 60 y 70 fueron protagonizados por una gran efervescencia social y popular en todo el mundo en protesta contra la sociedad de consumo y el avance indiscriminado del capitalismo. En mayo de 1968, estalla en Francia una fuerte revuelta estudiantil, que no tarda en ganar el apoyo de los sectores obreros y de izquierda. A lo largo de dos meses, estudiantes, sectores obreros y organizaciones de izquierda, protagonizaron la protesta más importante de Francia, y probablemente de toda Europa, de todos los tiempos.
    Poniendo en juego la seguridad institucional de toda Francia, la intensa movilización provocó la decisión del presidente Charles de Gaulle de adelantar las elecciones presidenciales para fines de junio.
    La revuelta estudiantil nace como un reclamo de actualización de un sistema universitario incapaz de brindar herramientas para la inserción al mundo laboral de la época, pero principalmente, se reclamaba la reestructuración del sistema de gobierno universitario tan rígido y autoritario, y la incorporación de estudiantes a los consejos directivos.
    Los grafitis que poblaron las universidades y luego las calles portaban mensajes antiimperialistas, anticapitalistas y con una impronta hippie. Frases como “la imaginación al poder” , “prohibido prohibir la libertad comienza con una prohibición”, “viva la comunicación abajo la telecomunicación”, “las paredes tienen orejas, vuestras orejas tienen paredes”, “la barricada cierra la calle pero abre el camino” “la novedad es revolucionaria, la verdad también”, entre otras, inmortalizaron una protesta llena de contenido y fuertemente vinculada a un sentimiento de época.

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